Hoy estamos aquí con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, una fecha que conmemora la lucha histórica de la mujer para su liberación del patriarcado opresor. Hoy 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer se celebra en todo el mundo tanto a nivel local y nacional; siendo este día la oportunidad de recordar las caras de la desigualdad y la discriminación de género, que todavía persisten en nuestro siglo. Es un día de reconocimiento a las mujeres que, con su lucha y esfuerzo a lo largo de estos años, han podido conquistar mayores derechos civiles. Por eso, en un día como hoy, de reflexión y reivindicación, queremos seguir mostrando nuestro compromiso con la igualdad.

En el caso de nuestro país la participación de las mujeres en ámbitos sociales, culturales, económicos y políticos ha sido tradicionalmente postergado por la sociedad patriarcal. Un ejemplo de esto era que hace hasta dos décadas atrás, el registro de su actividad era escaso y más bien de carácter irregular y anecdótico concentrándose, por ejemplo, en biografías de mujeres destacadas, el llamado «registro compensatorio»; en apologías de ciertos estereotipos femeninos, tales como la descripción de la «mujer araucana», la «mujer campesina», «la mujer aristocrática»; o en la elaboración de relatos que presentaban la historia de las mujeres sólo como un proceso complementario, y no constitutivo, de la historia nacional.

Sin embargo, es importante reconocer y difundir que el rol de la mujer en nuestro país ha sido fundamental incluso desde antes de la colonización española. Un ejemplo de esto es la figura de la machi como ente espiritual y medicinal en nuestros pueblos originarios. A su vez, durante las luchas independentistas contra el imperio español el rol de la mujer también fue decisivo, en donde podemos resaltar la importancia de figuras como Javiera Carrera. Pero, como los antecedentes históricos indican, es a finales del siglo XIX donde se profundiza la lucha feminista chilena en contra de la estructura patriarcal opresora, ya que las mujeres de esta época logran derribar numerosas barreras sociales y culturales impuestas por el patriarcado. Un ejemplo de esto: a finales del siglo XIX comenzaron las primeras manifestaciones feministas; a su vez surgió el movimiento obrero de mujeres en Chile centrándose en la ciudad de Valparaíso con la creación de la Sociedad de Unión y Fraternidad de obreras (1890), el que se convertiría en el primer sindicato de mujeres obreras a nivel nacional, posteriormente se expande hasta Antofagasta donde Eloísa Zurita asumió la dirigencia de este sindicato. Desde otro ámbito, se logró el ingreso de las mujeres en los niveles superiores de educación y las profesiones. Paulina Starr fue la primera mujer dentista (1848) y Ernestina Pérez y Eloísa Díaz las primeras que recibieron el título de médicas (1887). También a finales de siglo XIX, en 1889 nació Gabriela Mistral, una de las principales poetisas de América Latina.

Consecutivamente, durante el siglo XX la mujer continúa con su progresiva lucha por el acceso a mayores y necesarios derechos civiles. Es así como a principios del siglo XX emerge la figura de Amanda Labarca, pionera activista feminista y sufragista, quien funda numerosas organizaciones en pro de los derechos de la mujer, tales como:  Federación Chilena de Instituciones Femeninas, Unión Femenina de Chile, Partido Cívico Femenino, la Federación Chilena de Instituciones Femeninas y Partido Cívico. También tenemos la figura de Elena Caffarena, jurista y figura del feminismo en Chile, mujer con una mente privilegiada y una gran sensibilidad hacia la injusticia social, dedicó su vida a luchar por los derechos de la clase obrera y la emancipación de las mujeres, siendo una de las principales impulsoras del derecho a voto femenino en Chile.  Otros logros importantes del feminismo durante este período son: la asunción de la primera mujer diputada, la abogada Inés Enríquez Frodden (1951), y la asunción de la primera mujer senadora, la escritora María De la Cruz Toledo (1953).

También es importante destacar el rol de la mujer durante conflictos sociales intensos de nuestro país, como por ejemplo durante el período de la Unidad Popular, donde para enfrentar el boicot Yanqui con la colaboración de la oligarquía chilena, muchas mujeres se movilizan para sofocar el desabastecimiento y la escasez de alimentos, ocupando roles importantes en organismos populares como las JAP. A su vez, es importante recordar y destacar a compañeras que ocuparon cargos formales durante el gobierno de la Unidad Popular, como es el caso de Mireya Baltra (Ministra del Trabajo) y Carmen Lazo (Diputada). Sin embargo, el derrocamiento del  gobierno Popular y posterior  advenimiento de la dictadura, genera un retroceso en los avances sociales conseguidos por la mujer hasta ese entonces.

Pero la lucha de la mujer chilena no cesa mientras haya injusticia, es así como durante la dictadura militar, específicamente a fines de los años 70, con la sociedad chilena sometida completamente al yugo dictatorial, las mujeres chilenas comienzan a organizarse haciéndose parte de diferentes comités de resistencia contra la dictadura.

El movimiento feminista chileno en contra de la dictadura cívico-militar alcanzó una amplia masividad en los 80, desarrollándose en el contexto de un auge del feminismo a nivel latinoamericano y mundial. Dentro de sus hitos podemos mencionar y destacar la concentración “Hoy y no mañana” de alrededor de 10.000 mujeres en el Teatro Caupolicán, el 23 de diciembre de 1983 y de aproximadamente 25.000 mujeres en el Estadio Santa Laura, el 8 de marzo de 1988. Durante el auge de este movimiento, las compañeras reclamaban «Democracia en el país y en la casa», un concepto que implicaba luchar por la democracia de la mujer tanto en el ámbito público como doméstico; lo cual no sólo es una lucha contra la dictadura cívico-militar imperante en Chile, sino que también contra la estructura patriarcal de la sociedad en general. A su vez, durante este período, se crea el  movimiento Mujeres por la vida, que nació como resistencia a la dictadura de Pinochet. Entre sus miembros estaba la escritora y activista Mónica Echeverría, Kena Lorenzini, Estela Ortiz, Lotty Rosenfeld y Fanny Pollarolo.  Otra mujer ícono de la lucha antidictatorial chilena, y a su vez ícono de la lucha social chilena, es la ex dirigente del partido Comunista de Chile Gladys Marín; quien inclusive extiende su lucha durante los años posteriores a la dictadura, durante el neoliberalismo de la concertación. En esta misma línea tenemos a las emblemáticas y recordadas dirigentes de la AFDD, Ana González y Sola Sierra. Cómo olvidar a la intrépida y valiente Monja Riffo, fundadora del CODEPU y a su compañera, Fabiola Letelier.

Posteriormente, durante los años neoliberales de la concertación, el feminismo en chile como movimiento social se ve debilitado, junto a las otras causas de la misma índole. Sin embargo, a partir del año 2016, reforzado por hechos de agresión a mujeres, que tuvieron connotación nacional y mundial, ocurridos en nuestro país (Nabbilo Riffo, Ambar Cornejo, etc), la voz feminista chilena irrumpe nuevamente en el ámbito público, con marchas masivas, actos disruptivos y potentes consignas, se exige parar con la violencia patriarcal hacia la mujer y su profundización en la adquisición de derechos civiles. Un ícono de este período, es el Mayo feminista de 2018.

En consecuencia, luego de los silentes años de gobiernos neoliberales de la concertación y de la derecha formal, las injusticias de la estructura patriarcal no pararon, sólo se ocultaron, y sus consecuencias negativas las vemos día a día. Sin embargo, en los últimos años, la lucha social chilena feminista reaparece nuevamente, cómo parte de un proceso histórico indetenible y fundamental en la búsqueda de la justicia social y la abolición de cualquier estructura de dominación.

 

¡Mujeres contra el machismo!

¡Mujeres contra la guerra!

¡Mujeres contra el capital!

¡Mujeres contra el machismo y el terrorismo neoliberal!

Arriba las mujeres que luchan!

 

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